Dra. Consuelo Rollan | Territorialidad
Es la territorialidad una necesidad innata? Es aplicable el concepto al ámbito psicológico?
Territorialidad, Thomas Jordan, Conflicto, relaciones interpersonales, autoconocimiento, conducta adaptativa, innato, psicología, simetría
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Territorialidad

Queremos reflexionar acerca un aspecto que creemos constituye una necesidad universal y que se relaciona, con la identidad personal y colectiva en los individuos: la territorialidad. Sin entrar en debates políticos asociados a los conflictos territoriales, de los que podríamos encontrar numerosos ejemplos actuales, nos acercamos a este concepto desde la propuesta de las necesidades humanas y nos preguntamos:

¿Es la territorialidad una necesidad innata? ¿Es aplicable el concepto al ámbito psicológico?

Si acudimos a las ciencias sociales encontramos que es una cuestión política, una estrategia para ejercer el control sobre las personas y los recursos, aunque esto no explica la dinámica psicológica que dirige hacia la violencia cuando la conflictividad avanza (Sack, 1986).

Desde la etología se considera como un patrón de conductas heredado que conlleva tendencias a definir y defender los territorios. (Malmberg, 1980).

Si lo estudiamos desde el ámbito psicológico, como parte de la identidad personal y social de los individuos podemos avanzar en la comprensión de las motivaciones que participan en el conflicto del territorio que cada uno de los implicados considera propio y defendible.

¿Constituye su puesta en escena una conducta adaptativa? ¿Cómo inciden los sentimientos asociados en nuestra convivencia?

Podemos preguntarnos también si existe un modo de experimentar esta necesidad de una manera, digamos saludable, funcional y por el contrario de un modo disfuncional.

Parece necesario acudir a enfoques  psicológicos profundos para hallar aportaciones más allá de la conducta y encontrar respuestas más completas que incluyan el complejo panorama emocional que subyace a esta necesidad (Jordan, 1996). No es un mero impulso, no es una conducta simple como puede observarse en un perro al orinar encima de la huella del anterior animal que ha pasado por sus lugares habituales. Se trata de un complejo entramado de emociones, pensamientos, creencias y conductas que se activan ante la amenaza de lo que se percibe como seguro: mi país, mi casa, mi familia, mi pareja, mi cuarto, mi mesa, etc., Incluye por tanto variables personales, físicas y materiales acerca de las cuales se levantan muros más o menos tangibles. En los territorios físicos y materiales: las fronteras, las paredes, las puertas, las claves, etc., En los territorios personales, los gestos, las miradas, la palabra, los papeles, los chantajes y las manipulaciones que determinan el límite que va más allá de la posesión: mi empresa, mi marido, mi mujer, mis amigos, etc., configurándose como un elemento esencial de la identidad individual, un aspecto del self. Y todo esto además muy influido culturalmente; pensemos en las diferencias en territorialidad que se dan entre las culturas colectivistas, como las asiáticas, en las que en una casa conviven incontables miembros de una familia pues así es definida la unidad familiar, comparada con nuestra sociedad individualista en las que nos cuesta abrir las puertas de ¨nuestro territorio¨ incluso a nuestra pareja o familia.

Nos importa el territorio, lo identificamos con la seguridad y nos asusta cuando esta se percibe amenazada, si se desvanece nos estresamos y si el estrés perdura sufrimos. Para evitar la amenaza nos ponemos en guardia y la enfrentamos desde la lucha o desde la indefensión.

¿Hay algún otro modo?

Podemos plantearlo como una crisis a la que hay que dar respuesta. Preguntarse en qué consiste exactamente la amenaza.

Parte de la respuesta podemos hallarla en la resistencia al cambio. El miedo a salir de la llamada zona de confort, aunque de confort tenga poco en realidad. La incertidumbre que acompaña a lo novedoso, lo ajeno, siempre ha sido algo que el ser humano ha tratado de evitar. Nos sentimos cómodos allí donde podemos anticiparnos, en aquellas situaciones y lugares donde nos es más fácil predecir los acontecimientos, olvidando lo enriquecedor de explorar, de probar y de crecer ampliando nuestra perspectiva vital.

Nos asusta modificar lo que nos resulta familiar. Es frecuente que por ejemplo en las parejas se soporten situaciones crónicas emocionalmente insostenibles durante tiempos excesivos, con gran desgaste y sufrimiento porque ya no hay nada que hacer, porque no se hizo a tiempo. Traslademos esto a cualquier situación de conflicto.

A veces no se mira de frente por miedo a ver, no se nombra lo que se siente para evitar sentirlo, enfrentar la verdad a veces duele y mucho.

La verdad a veces consiste simplemente en que cambiamos el ritmo y nos llevó hacia otra ruta, a otro baile para el que no sirven los zapatos con los que bailábamos hasta ahora, el territorio zozobra.

De modo que, o bien  continúo empeñado en los viejos zapatos, aunque se me rompan los pies, o renuevo el calzado. No queda otra, adaptación, actualización y mirada hacia adelante. El pasado como aprendizaje no como excusa para el desencuentro y el muro.

Actualicemos el concepto de territorialidad desde la seguridad personal de cada uno (más autoconocimiento y menos redes sociales falsas, Instagram no es tu territorio seguro), asegurando suficiente participación activa en nuestra vida, aprendiendo a decir  sí o no cuando toca.

Cierto es que necesitamos los límites, la seguridad es importante, lo que pasa es que ha de ser interna para que sea sólida.

Es  importante configurar unos límites, un territorio, desde las sinergias y la cooperación, desde el cuidado mutuo, desde la mejor intención para mí y para el otro, para todos.

Puedo empezar por cosas sencillas, ¿Qué tal si unimos territorialidad a civismo, amor a cuidado, libertad a respeto?

Este es el territorio que quiero.

Recomiendo la lectura de este  artículo:

Psicología Política, Nº 13, 1996, 29-62

LA PSICOLOGÍA DE LA TERRITORIALIDAD EN LOS CONFLICTOS

Thomas Jordan

Universidad de Gothenburg

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