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Dra. Consuelo Rollan | Algo Personal (I): El barco se hundía y arribé al paraiso
Por eso estoy aquí paseando mientras reflexiono desde el bienestar que ahora disfruto en estas cuestiones pasadas y me doy cuenta de lo paradójica que ha sido mi suerte.
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Algo Personal

Algo Personal (I): El barco se hundía y arribé al paraiso

Hace un rato, caminando por la orilla del mar me he puesto a pensar en los años que trabajé en… llamémoslo “El Castillo de Nunca Jamás”. He hecho cuentas y llevaría 16 años trabajando allí si no fuera porque hace dos me despidieron.  Fue un despido improcedente, afortunadamente, lo que me permitió reclamar los derechos que me habían negado. Después, para continuar mi profesión docente, una efímera estancia en otro lugar parecido que me sirvió para preservar mi autoestima y como trampolín para dar el salto hacia adelante.

He estado pensando que en algunas empresas, castillos, al menos en los que yo conozco, cuando los jefes han sido incompetentes, malos, y quieren deshacerse de ellos, les dejan hacer una última maldad… una última maldad como el último deseo antes de ser desterrados. En mi caso, a la jefa mala le permitieron hacer su última maldad y me echó a mí, también a otro compañero. Esa maldad se convirtió en un billete de lotería, y como si de un sortilegio se tratara, he podido realizar mi sueño de vivir en la playa.  Yo llevaba tiempo pensando en irme de allí, sentía que me ahogaba la motivación que siempre me ha acompañado, pero tenía miedo de dejar mi falsa “vaca segura”.  El foso del castillo se hacía más profundo. Y entonces sucedió el milagro.

Por eso estoy aquí paseando mientras reflexiono desde el bienestar que ahora disfruto en estas cuestiones pasadas y me doy cuenta de lo paradójica que ha sido mi suerte.

La mala jefa disfrutó con su maldad, supongo, y esa maldad se transformó en una varita mágica como de hada madrina buena, para que yo pudiera hacer realidad mi deseo.   Ahora estoy  mirando el mar mientras mi esposo (amigo, amante, compañero de vida) disfruta jugando con su cometa.  Pasamos mucho tiempo disfrutando precisamente de nuestro tiempo que gastamos y distribuimos como queremos.  Ganamos menos dinero sí, hemos hecho un cambio importante y estamos gestionando nuestra vida de otro modo;  sin embargo, merece la pena, o mejor dicho la alegría.

Trabajamos cada día con ilusión,  concentrados.  Y también jugamos todos los días.  ¡Qué importante es jugar!

¿Cuánto necesitamos para vivir? ¿Cómo valoramos nuestro tiempo?

Sigo evocando recreándome en los motivos por los que me despidieron, razones enmascaradas en la situación económica por la que atravesaba el centro pero con una razón de fondo, mi falta de participación en los actos especialmente de carácter religioso.  Me despidieron porque, según la jefa, tal vez ese no era un centro para mí.  Me faltaba sumisión,  creer a su manera.

No es que yo no sea creyente, no creo en lo que ellos/as consideran necesario creer: no creo en ir a rezar porque te obliguen, no creo en el adoctrinamiento.

Creo en muchas cosas, creo en la vida, creo en el amor, creo en la buena gente, creo en hacer mi trabajo con competencia y buena intención, creo en lo importante que es gastar mi tiempo de la manera en que deseo hacerlo, creo que es posible tomar decisiones a lo largo de mi vida para que cambie lo que no me satisface, no creo en los dogmas totalitarios, no creo en que me obliguen a hacer cualquier cosa que no quiera porque sí, no creo en que trabajar de sol a luna sea la única manera de conseguir dinero para vivir. Creo que hay otras opciones y que nos engañan cuando nos hacen creer que tenemos que vivir asustados para poder alimentar a nuestros  hijos.  No creo en la represión de nuestras emociones, no creo que enfadarse se traduzca en ser violento.  Creo que tenemos derecho a discrepar, especialmente ante la injusticia y la estupidez.

Es difícil cambiar el mundo, sin embargo, creo firmemente en el granito de arena que podemos poner cada uno a través del modo en que vivimos, de lo que hacemos, con el bien que generamos para nosotros y para los demás queriendo abiertamente a las personas que tenemos cerca.

Rechazo la maldad y la toxicidad, me limpio conscientemente, y si me toca tener veneno cerca procuro que sea en dosis mínimas y con el antídoto a mano…

Esta es mi riqueza ahora, que no cambio por nada de lo que tenía antes, aunque no reniego de ello.  He adquirido una carrera docente que paralelamente he ido desarrollando junto al apoyo psicológico, a la formación, derivada de mis estudios en otros modos de trabajar y eso me permite estar hoy aquí.  He aprendido mucho, he disfrutado ejerciendo mi profesión mientras mi hija pasaba de la niñez a la adolescencia y llegaba a la universidad, y después decidía emprender su propio camino. Un camino que ahora vuelve a confluir con el mío.

También he reencontrado el amor justo a tiempo para que todo haya sido posible.

Y todo ese bagaje que he ido recogiendo en esos años es lo que ha hecho de mí, en  gran medida, la persona que hoy soy.

Escribo esto con la distancia temporal suficiente para hacerlo sin contaminación emocional.  Afortunadamente el resultado no fue dramático, aunque no puedo negar la rabia y la tristeza.  Pero esta piedra ya se la llevó el río.

Y sigo aprendiendo mientras me lleno de la mirada azul del océano, de la fresca brisa que me revitaliza… y respiro.

24 Comments
  • Angel
    Responder

    Un beso ..guapa!!!, entre la envidia y la admiración….y desde el corazón.

    24 octubre, 2016 at 08:07
  • EduM
    Responder

    El castillo de nunca jamás nunca ha sido ni será un sitio para quedarse. Es para ‘pasar’ y llevarte lo bueno (normalmente fruto de otros que también ‘pasan’), pero nunca para quedarte y ser uno más. Yo pasé, en una posición distinta a la tuya, y me llevé muchas cosas buenas de otros que ‘pasábais’ por alli. De las malas, aprendí aún más si cabe. Aprendí, incluso, a ver que hay castillos de nunca jamás que se viven de pasada o no se viven. Enhorabuena.

    25 octubre, 2016 at 13:42
  • Irene F.
    Responder

    Mi querida Profe,
    La vida reserva oportunidades preciosas a personas que tienen raíces para caminar y alas para volar y tú eres una de ellas. Estoy muy feliz de saber que esta nueva etapa te ofrece un momento único para VIVIR, SENTIR Y SEGUIR CAMINANDO….
    Recuerdo que disfrutaba tus clases como una enana…. me inspiraban, despertaban en mí una inmensa inquietud por conocer en profundidad aquello por lo que nos hacemos llamar hombres, me ayudaban a mirar al corazón encontrando en ese precioso lugar la respuesta a las preguntas más comprometidas y sobre todo, me enseñaban a ser mejor persona.
    Tienes magia profe, gracias por todos los momentos.
    Un fuerte abrazo,
    Irene

    25 octubre, 2016 at 15:21
  • MC.T.G.
    Responder

    El superar las adversidades nos hacen más fuertes para luego seguir hacia adelante; ahora a disfrutar este nuevo camino.
    Para mí una GRAN PROFESIONAL, GRACIAS por tus clases, todas sensacionales, por motivarnos, por hacernos pensar, por encender en mí la chispa para entender el Análisis Transaccional, fue como si se me abriese la mente, al principio no entendía nada y poco a poco lo fui comprendiendo, y sobre todo por despertar en mí la creatividad y el interés por el Análisis Transaccional, por seguir aprendiendo y caminar hacia adelante.
    Un fuerte abrazo
    MC.T.G.

    25 octubre, 2016 at 20:25
  • Isabel R.M.
    Responder

    Thank you, me ha gustado leerlo.

    25 octubre, 2016 at 21:20
  • Hola Chelo, permíteme tutearte.
    Soy una antigua alumna de la promoción de Psico del CES, y me encanta leer tu blog.
    Para mí has sido unas de las grandes profes, de las cuales he aprendido mucho, tanto de manera profesional como personal. He disfrutado mucho con tus clases.
    Me alegra mucho leer que hayas encontrado tu lugar y seas feliz.
    Yo he atrevesado una situación personal un poco complicada y la verdad que nunca me he decidido a comentar nada en el blog, pero me encantaba leerte y siempre recurría al libro “Educación Emocional” Claude Steiner.
    Mis mejores deseos para ti.
    Un abrazo.
    Con mucho cariño de Miriam

    26 octubre, 2016 at 12:53
  • P. M.
    Responder

    Desde “El Castillo de nunca jamás”, dónde nos encontramos y compartimos muchos buenos momentos … y también experiencias “tóxicas”, te escribo para decirte que después de leer tu relato no puedo parar de sonreír . Enhorabuena Chelo!! y gracias por despertar mi conciencia y motivación hacia la búsqueda de un modo de vivir más coherente con nuestro Sentido de vida. Mil besos!!

    26 octubre, 2016 at 22:59
  • Valentina
    Responder

    He leído por casualidad tu relato en un día Complicado para mí . Estoy en un lugar también de nunca jamás y del que me agobio más y más y ver cómo me ponen la zancadilla como intentan que me vaya … o precipitar mi salida … despachándose a gusto en contra mía y leer esto me ha hecho el mismo efecto de la varita mágica . Ahora se que me puedo marchar de allí, que estoy preparada para seguir y avanzar y que puedo gritar sin que me callen, trabajar sin que me anulen, ignoren o devalúen. Muchas gracias de corazón . A partir de ahora tienes una nueva seguidora y amiga. Muchas gracias por tus palabras .

    27 octubre, 2016 at 14:55
  • LAURA
    Responder

    Mi querida amiga-profesora-tía y muchas cosas más Chelo!
    Desde mi humilde punto de vista, y con una pizca de “envidia sana”, te doy la enhorabuena, no sólo por esa forma admirable que tienes de ver la vida, sino por actuar con coherencia y al fin y al cabo “valentía”. Te mando un beso enorme y espero seguir disfrutando de tus reflexiones virtualmente y en persona…para mí siempre es un gustazo
    Te quiere,
    Patu

    27 octubre, 2016 at 16:22
  • Isabel AG
    Responder

    Que bonito!!!
    Cuanto Amor y Sabiduría.
    Te admiro , te quiero y disfruta..,,
    Yo voy detrás!

    27 octubre, 2016 at 17:01
  • Esthela A. R.
    Responder

    Maravillosas palabras¡¡¡
    Muchas felicidades por encontrar tu sitio¡¡

    28 octubre, 2016 at 17:11
  • Consuelo. No se puede olvidar uno nunca de dónde viene. Lamento que estas cosas ocurran, pero desafortunadamente suceden. Muy conmovedor y elegante su relato, yo no hubiera sido tan agradable como usted para describir una situación como la que ha descrito. Pero su capacidad de adaptación y superación me parece ejemplar. Por cierto, he de felicitarle por su blog, estoy aprendiendo muchas cosas que desconozco con sus posts, le animo fervientemente a que siga compartiendo sus conocimientos y opiniones, son un verdadero tesoro. Un saludo.

    31 enero, 2018 at 22:27

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