ADOLESCENCIA, la serie que nos interpela

Esta interesante serie de Netflix describe las consecuencias de un evento trágico que impacta en un lugar cualquiera, desembocando en una familia cualquiera, que asiste como testigo y parte al juicio de todos los miembros de su comunidad.

Desde el brutal comienzo, hasta el emotivo final, la serie levanta las sospechas hacia todo lo que nos concierne y a todos de alguna manera. Vivimos en un mundo globalizado, con efectos colaterales en todas las acciones que realizamos, especialmente si lo hacemos a través del amplificador que las redes sociales ponen a nuestro alcance. Por ello, no podemos escapar y conviene parar y preguntarnos ¿Qué está pasando? En la educación, en las redes sociales, en el sistema político y social, en lo que atañe a nuestro ámbito personal, familiar y social.

 ¿Qué tipo de expectativas y aspiraciones estamos trasladando o permitiendo que empapen a las nuevas generaciones? ¿Son expectativas sesgadas bajo intereses? ¿Cuáles son las prioridades en las que se asienta el autoconcepto de los adolescentes?

Creo que ningún aspecto ha de quedar fuera del análisis.

Somos a lo que atendemos, afirma Goleman, en su libro Focus. Siguiendo esta premisa, podemos preguntarnos ¿A que atienden los adolescentes? ¿Cuándo y cómo comienza su objeto de atención? ¿Quién lo dirige?

Existe, por un lado, cierta ingenuidad al pensar que cuando un hijo/a está en su cuarto, en casa, está a salvo cuando sabemos que no es así. El aislamiento actualmente no existe. La conexión a internet permite caer en las garras de cualquier depredador, aunque esté en el otro lado del mundo. El lobo ya no está en el bosque, está en todas partes a las que nos acompañe el seudoórgano que nos da acceso a las redes sin suficiente criterio ni madurez, apoderándose de cerebros en desarrollo susceptibles de caer en el engaño.

Más allá de las conexiones, hemos de profundizar en la falta de ellas en nuestros entornos más cercanos y reflexionar acerca del espacio que les concedemos a las relaciones personales, en la familia con hijos, en las parejas, en las amistades, en la escuela especialmente, también en el ámbito laboral.  Afecta a todos y cada uno de nosotros.

Además, hemos de poner sobre la mesa, el modelo de líderes a los que seguimos y siguen nuestros hijos, estudiantes, etc. Detectar el contenido de lo que aprecian, de lo que perciben que carecen. Estamos ante un enorme riesgo ubicado en la obsesión por el éxito basado en la apariencia física, entendida como o todo o nada y jaleada por invasores de la autoestima que se proclaman gurús, adjudicándose el papel de líderes que socavan la voluntad, para promover acciones violentas justificadas con proclamas que calan y se cuelan en las casas, en las escuelas, en la sociedad.

Nadie queda fuera del análisis, todos estamos en la propuesta de solución.

Frente al todo vale: Educación, cultura, valores. 

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