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Dra. Consuelo Rollan | Los pilares básicos de la afectividad humana: Amor y miedo
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Los pilares básicos de la afectividad humana: Amor y miedo

El amor, en sentido amplio, constituye desde mi punto de vista la esencia de la afectividad humana y me atrevo a decir que constituye además la base de la motivación genuina.

 

Entiendo por amor la experiencia emocional y de intercambio afectivo incondicional, en el sentido de aceptación hacia uno mismo y hacia el otro y de la ausencia de miedo excesivo para experimentarlo.

 Con amor, comparto mi ternura con mi hijo cuando está en mi pecho, mi abrazo largo y sentido a la amiga, la mano a mi compañero/a para caminar juntos y el beso cálido compartiendo los olores y sabores del placer.

Si me siento “querible” y/o querida es más fácil la alegría y a su lado la ilusión que componen la motivación para hacer, ya sea aprender, planear o simplemente disfrutar este momento.

También el apoyo en la tristeza y en la dificultad que las sostiene y alivia.

El amor construye los pilares básicos para crecer y vincularse. Se encuentra al lado del sentimiento de pertenencia contigo, con esta familia, en este grupo humano. Son los pies afectivos que permiten aprender a caminar cada vez más erguido/a y segura.  Después viene lo demás.

El amor contiene voces, gestos y contacto directo, físico y emocional. Se acompaña de la costumbre de saber sensitivamente que es algo que no va a esfumarse sin más. Por ello, es un traje diseñado a medida que se ajusta como un guante a las necesidades más íntimas, porque primero está en mi y a continuación hacia ti.

Sin hacer arqueología, lo dejamos para estudios más extensos, sabemos que nuestra historia afectiva nos influye y puede condicionar nuestras experiencias vitales.

 Sigamos con el amor, ¿Que pasa cuando hay temor, inseguridad, dudas en las experiencias asociadas con el sentimiento de amor?

Quiero responder en la misma línea que he comenzado: La alegría se disipa, la ilusión se desvanece y la motivación se afloja, puede incluso desaparecer. Si no soy para ti no soy para mi, así crecemos desde la intrínseca dependencia con la que llegamos a este mundo.

Y puedo pasar la vida creyendo esto, ¡muy dura existencia entonces! El sentimiento asociado es el miedo: percibido me arrugo, ignorado se disfraza.

Como opción, existe entre otras la posibilidad de una transformación egocéntrica asociada a la codicia, que es un gran sucedáneo del bienestar emocional.  Perfuma a instancias del poder momentos intensos, con “chutes” emocionales sazonados con cualquier droga. Una potente máscara con la que comerse el mundo.

Lejos de un alegato romántico ingenuo, creo en la función esencialmente constructiva del amor.  El amor genuino solo puede construir y acompañar, compartir, y siempre tiene valor positivo.

En sentido contrario, la ausencia del sentimiento de amor genuino, aunque no lleve necesariamente a la codicia, los que a ella llegan han caminado por el afilado filo de la falta de amor. No se quieren bien y desde luego no saben amar. Y así tratan de evitar cortarse, sufrir, llenándose los bolsillos de ego. La alegría tampoco es genuina, es falsa, efímera y camuflada en rincones inacesibles a la consciencia y a la ética, sentimiento elevado del que carece el codicioso.

La carencia de amor genuino destruye relaciones con aliados como la distancia, los celos, el rencor, el despecho. Hace que los días pasen sin ternura, sin abrazos ni besos, el contacto se seca y la piel araña.

El miedo tiene múltiples rostros que embrutecen lo más auténtico que podemos compartir, el tiempo conmigo, contigo, juntos o en solitario si es lo que elijo.

El amor se acompaña de amabilidad, de lealtad y libertad para ser tal cual soy, sin moldes estrechos para ajustarse a expectativas ajenas.

Aprender a amar es posible cuando se conoce el lado oculto de nuestros sentimientos, desvelando su mensaje y curando las heridas, y sobre todo, aprendiendo a mirar no solo ver, a escuchar en vez de oír, acariciar, no únicamente tocar.

Como casi todo, puede descubrirse y conocerse, aunque no haya venido de serie, y ampliarse, convertirse en estilo de vida desde la intención de las acciones en mi área de influencia.

Desde esta perspectiva, los sentimientos asociados al amor contiene todos los genuinos en cada situación e intensidad: alegría, disfrute, tristeza, miedo, enfado.

En la cara b, los sentimientos derivados de la ausencia de amor y la presencia del miedo: envidia, celos, codicia, rencor, odio, etc.

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